La Magia y el Arco - La Hoja de Arce, Primer Ciclo - Capítulo 2

ALGO MAS QUE UN APELLIDO

            Larian no lo podía creer.
            Ella y su tía estaban sentadas en lo que parecía ser el salón comedor de la academia. El resto de las mesas se hallaba ocupada por gran parte de los invitados. Una agradable señora entrada en años se presentó como Gloria, encargada del salón comedor. Tras preguntarles qué deseaban tomar, Larian se decantó por un jarro con jugo de manzanas, pero Myrnah prefirió un aromático té de especias. Llevaban sentadas un largo rato sin cambiar palabra, pues la semielfa estaba haciendo un repaso mental sobre lo ocurrido en la mañana...


            Poco antes de ser llamada, Larian se preguntaba qué habrían dicho sus padres si la hubieran visto crecer. Y de pronto, sin más preámbulos, estaba dentro de una prestigiosa academia...
            Así nomás... Como por arte de magia...
            Jamás había pensado qué hacer en el futuro, y nunca se le habría cruzado por la cabeza seguir los pasos de sus padres. Por ello, se sentía fuera de lugar en un sitio como ese...
            Pero se obligó a quitarse éstas dilaciones de la cabeza, intentado asimilar el bochornoso momento que había vivido. Aún notaba esa terrible sensación de sorpresa tras haber sido llamada...
            Larian no había dejado de toser tras el codazo de su tía, y tropezó con la pata de su propio asiento al ponerse de pie. Lo único que la salvó de irse de cabeza contra el piso (y con toda la sala de testigo) fue la mano de una señora que se sentaba a su lado, que terminó con dos dedos machucados...
            Para colmo, se puso tan nerviosa que no se animó a mirar a los presentes en ningún momento... Ni siquiera al director, cuando le entregó su capa. Larian quiso decir algo como "gracias", pero la palabra se quedó atorada en su garganta...
            Y eso no fue lo peor de todo. Larian tuvo que soportar las miradas furtivas por parte de algunas personas. Muchos aplaudían tibiamente y hacían gestos de aprobación, pero otros mascullaban en voz baja. Aún así, Larian logró escuchar algunos de esos hirientes comentarios.
            –  ¿Esa niña es Larian?
            –  ¿Qué hace aquí la hija de Bargan y Arfidiel?
            –  Ojalá sea una broma. Si sigue los pasos de sus padres van a caer más desgracias…
            Larian cerró los ojos con fuerza mientras una pequeña lágrima se deslizaba por su mejilla... Sostenía su capa tan fuerte que tenía la impresión de romperla antes de llegar a su asiento.
            En ese momento detestó estar allí, oyendo cosas sobre ella y sobre sus padres...
            ¿Por qué se creían con derecho a hablar de esa manera...?
            Se sintió tentada de responderles, pero supo que sólo empeoraría la situación. Además, no sabría qué decirles ya que ella tampoco conocía nada de lo ocurrido con sus padres...
            Para peor, su tía la observaba embelesada, como si tuviese la impresión de haberle dado una gran alegría al preparar su entrada a ese lugar. Myrnah se dio cuenta de la pesadumbre de su sobrina sólo cuando ésta se sentó, y dirigió una mirada furibunda a la muchedumbre mientras la abrazaba con fuerza. Las voces se callaron y las miradas se desviaron, pero los pocos que aplaudían se vieron sorprendidos por un aplauso mucho más fuerte...
            Quién estaba aplaudiendo era el mismísimo director…
            Larian levantó la vista y lo miró sorprendida, y su sorpresa fue mayor al ver a Ylandra y a varias autoridades más que, de pie, también aplaudían entusiasmados. Pero lo que más llamó la atención de Larian y su tía fue el hecho de que el padre de las trillizas, las trillizas mismas, el muchacho que parecía su hermano, y el muchacho negro que las había saludado, también estaban de pie y no solo la aplaudían sino que la vitoreaban estruendosamente.
            –  ¡Bienvenida, Larian!  –gritó el joven negro.
            –  ¡Larian! ¡Larian! ¡Larian!  –gritaban las trillizas a coro.
            El padre de las niñas no decía nada, pero la observaba con aprobación y aplaudía a rabiar. Al cabo de unos minutos el estruendo fue cesando, la sala volvió a la normalidad y el laani volvió a la lectura de los nombres siguientes. Sin embargo, Larian perdió el interés en seguir reconociendo apellidos. Lo ocurrido la había dejado aturdida, pero también intrigada... ¿Qué motivos tenían esos Muramar para vitorearla tanto...? No sabía qué pensar, y el día recién estaba comenzando...


            –  ¡Larian!  –La joven dio un respingo y casi vuelca su jarrón de jugo.
            –  Lo siento, tía  –respondió la semielfa, rápidamente–.  Me quedé pensando en lo que pasó en la sala... Aún no entiendo qué estoy haciendo acá... ¡No me has dicho nada de ésto...! ¿Por qué...?
            –  Quería darte una sorpresa...  –respondió Myrnah en un tono incómodo. Larian tomó un sorbo de su jugo y clavó sus ojos en ella. Su tía parecía debatirse entre opiniones opuestas...
            –  Yo… Creía que era lo mejor...  –prosiguió–.  Es decir... Nunca me has dicho qué quieres hacer cuando crezcas... Y estás en una etapa en la que debes tomar una decisión...
            Larian abrió los labios para protestar, pero su tía, alzando la mano con firmeza, la interrumpió.
            –  Sé que parezco una entrometida, pero soy tu tutora, Larian. Soy responsable de llevarte por un buen camino y ayudarte a hacerte un futuro. Y ten en cuenta que lo que hagas va a marcar el resto de tu vida. Parecías un poco indecisa, así que me tomé la libertad de darte un primer empujón…
            La pequeña volvió a abrir sus labios, pero no supo qué replicar.
            –  Pero no pareces muy convencida... Entonces... Supongo que...  –continuó Myrnah, con un dejo de tristeza en la voz. Trataba de mantener el mismo tono, pero sus últimas palabras fueron casi un susurro... Tenía la taza a medio camino entre su boca y la mesa, y parecía esperar una respuesta de su sobrina. Pero Larian ya estaba metida en sus propios pensamientos...
            Las palabras de su tía tenían mucho sentido, pues ella nunca se había puesto a pensar en su futuro. Tiempo atrás tuvo ganas de alejarse de Stonish debido a la reacción de la gente hacia ella. Pero el respeto hacia sus padres aún se mantenía en la ciudad, y eran muchos los habitantes que la trataban con respeto, aún sin conocerla. Eso eliminó su idea de irse de Stonish.
            Y la iniciativa de su tía le había dado un primer empujón que ella quería aprovechar. Una nueva idea estaba rondando por su cabeza. Además, la agradable charla que tuvo con Ylandra y la reacción de la familia Muramar también estaban influyendo en esa decisión...
            Y hablando de Ylandra...
            –  Buenas tardes...
            Myrnah se sobresaltó, pero devolvió el saludo al ver a la elfa de pie a su lado. Larian mostró una sonrisa automática e Ylandra la contempló con gravedad.
            –  Tu ánimo ha cambiado, Larian. No estabas así durante la mañana...
            –  Disculpe...  –interrumpió Myrnah con aire interrogante–  ¿Usted es...?
            –  ¡Oh! ¡Lo siento! Mi nombre es Ylandra LuzBrillante y soy una de las profesoras de la academia.
            –  ¡Oh!  –exclamó Myrnah–.  Mucho gusto. No sabía que conocía a mi sobrina. Yo soy Myrnah y soy la tía y tutora de Larian.
            –  ¿Tía de Larian...?  –agregó Ylandra con interés–.  ¿Es hermana de Bargan...?
            –  No, no... Soy una prima lejana de Bargan, pero Larian insiste en llamarme “tía”... Sólo es un título improvisado...  –ambas rieron, pero Larian comenzó a mirar a Ylandra con curiosidad.
            Si la elfa era la responsable de uno de los murales, era obvio que tendría alguna relación con la academia... Pero no imaginaba que fuera docente...
            –  Y volviendo a tí...  –dijo Ylandra, volcando su atención en la semielfa–.  ¿Qué ha ocurrido? Percibo inquietud en tu interior, Larian... ¿No esperabas ingresar a la Hoja de Arce...?
            –  En realidad, no...
            –  Quise darle una sorpresa...  –dijo Myrnha, a modo de disculpa.
            –  Por experiencia...  –comenzó a decir Ylandra, sonriendo–  ...puedo asegurarle que no es el mejor modo de hacer ingresar a un futuro alumno, Myrnah. Estos chicos necesitan saber varias cosas, antes de estar seguros de ingresar y hacer frente a un nuevo ritmo de estudios. Después de todo, están aquí porque están pensando en su futuro...
            Myrnah bajó la cabeza, avergonzada, pero Ylandra hizo un gesto despreocupado con la mano.
            –  Sólo es un detalle, Myrnah. No es para tanto. Tarde o temprano, Larian estudiaría aquí. Lo dice su sangre y eso es motivo suficiente...
            Larian y Myrnah se miraron, completamente confundidas.
            –  Creo que no entendí eso...  –acotó la semielfa, lentamente.
            –  Ustedes saben que hay varias maneras de poder ingresar a La Hoja de Arce ¿No?
            –  No...  –respondieron tía y sobrina. Ahora fue el turno de Ylandra de sorprenderse.
            –  Cuando vine aquí a pedir su ingreso...  –comenzó Myrnah–  ...la aceptaron sin dudar a causa de sus padres. Pero no me han explicado mucho más...
            –  Oh...  Bueno... Creo que ésto llevará unos momentos...  ¿Gloria?
            –  Dime, Ylandra.
            –  ¿Puedo pedirte un té de hierbas? Si tienes manzanilla, mejor.
            Gloria trajo un aromático té para Ylandra. La elfa tomó asiento y miró a Larian con seriedad.
            –  No todos pueden entrar en la academia, Larian. No es por ser elitistas, pero La hoja de Arce se fundó con un objetivo muy claro: formar futuros héroes que protegan todo el continente.
            –  ¿No es eso lo que hacen los héroes...?  –se atrevió a preguntar Myrnah...
            –  No todos, Myrnah. Muchos jóvenes promisorios se desvían de su camino y terminan convertidos en fuerzas que se mueven por dinero, ambición, o el simple deseo de la destrucción. Para evitar eso, La Hoja de Arce ha endurecido las reglas de ingreso. Desde entonces, los egresados que pierden el rumbo se han reducido a cero, y esa estadística se ha mantenido fija durante los últimos cuarenta años...
            –  Entonces... ¿Quienes son los que pueden ingresar a la academia...?
            –  Aquellos que muestren alguna habilidad precoz  –prosiguió Ylandra–.  Por ejemplo, las trillizas que hicieron magia durante el acto. Muy pocas personas pueden controlar la magia a esa edad...
            –  Vaya...  –dijo Larian, pensando en la habilidad mostrada por las trillizas.
            –  Los profesores y el director también poseen la potestad de recomendar jóvenes promisorios.
            –  ¿Y yo...?  –dijo Larian–.  ¿Por qué he sido aceptada como alumna...?  No tengo nada de...
            –  Hay hijos de héroes y aventureros que desean seguir los pasos de sus padres  –siguió Myrnah–. Si el servicio de éstos se considera satisfactorio, sus hijos son aceptados sin ningún problema.
            –  Pero... Jamás dije algo de seguir los pasos de mis padres... ¿Qué tengo que ver con...?
            –  Existe otro grupo de jóvenes que pueden ser aceptados en la academia, Larian. Y ahí entras tú, porque lo dice tu linaje...
            –  ¿Mi linaje? ¿Qué tiene que ver mi linaje con… ?
            –  La historia de la academia...  –la interrumpió Ylandra–  ...comenzó el mismo día en que terminó la etapa conocida como los Años de Sombra. Exactamente, el día 29 del mes de Mirdul, el día en que murió el demonio Dertann. El día que conocemos como La Caída Rugiente,
            Larian, que había dejado la boca abierta para replicar, cerró sus labios y se obligó a escuchar a Ylandra, al igual que su tía. Si iba a hablar de Historia, no la iba a interrumpir...
            –  Ese día, varios héroes y aventureros que habían luchado contra los ejércitos de los demonios decidieron crear la academia para formar a futuros servidores del reino. Uno de los fundadores se llamaba Almir Gregorianh, un mago poderoso que estuvo en la lucha final contra Dertann. Se dice que fue uno de los humanos más versados en artes arcanas. Y si tú estás aquí, es gracias a él, Larian.
            –  No entiendo a qué se refiere...
            –  Almir era tu bisabuelo…
            Los ojos de Larian se abrieron como platos, ya que no conocía ese dato... ¿Su bisabuelo también había sido héroe...? Y además.... ¿Fue uno de los fundadores de la Hoja de Arce…? 
            –  Vaya... No conocía nada de eso...  –aventuró una sorprendida Myrnah...
            –  Cuando se inauguró la academia...  –prosiguió Ylandra–  ...se forjaron unas insignias con forma de hoja de arce, y se repartieron entre todos los fundadores. Cada insignia sería heredada de padre a hijo para mantener la sangre de los fundadores entre los estudiantes de La Hoja de Arce. Almir le entregó la insignia a su hija Niarah cuando ella tuvo edad suficiente para entrar en la academia. Y años después, Niarah se la entregó a Bargan, tu padre, cuando él hizo su ingreso.
            Larian volvió a sorprenderse. Tampoco sabía que su padre había estudiado en la Hoja de Arce.
            –  Si, así como lo escuchas  –continuó Ylandra–.  Tu padre se ha graduado de ésta academia. Y tu madre también, Larian. Ellos se conocieron aquí y nada los separó desde el primer día que hablaron...
            Ylandra hizo una breve pausa mientras Larian digería toda esa información.
            –  Tía... ¿Tú sabías algo de...?
            Larian se quedó con la pregunta a medio hacer, ya que vio a su tía llorando... ¿A qué venía ese llanto...? Sin decir palabras, Myrnah sacó de su morral un pequeño objeto envuelto en un pañuelo. Lo desenvolvió y dejó a la vista algo que parecía una pequeña insignia.
            Tenía la forma de una hoja de arce, similar al bajorrelieve que estaba sobre la puerta de entrada de la academia. Era de un metal finamente tallado que Larian desconocía, pero brillaba de forma increíble. Tenía varias piedras preciosas incrustadas, y la más grande de ellas era de un blanco reluciente. La insignia destellaba de tal manera que atrajo la mirada de muchos curiosos, y varios de ellos miraban a Larian y al objeto con ojos incrédulos...
            –  Vaya... Creí que se había perdido...  –agregó Ylandra.
            –  ¿Tía...?  –dijo Larian, conteniendo la respiración–.  ¿Esa insignia es...?
            –  Sí, Larian...  –dijo Myrnah, esforzándose por hacerse entender entre el llanto–.  Era la insignia de tu padre. Me han dicho que la tenías puesta cuando te rescataron... Y cuando me hice cargo de tí, me la entregaron con el pedido de mantenerla oculta a tus ojos hasta que crezcas... La única vez que ésta insignia vio la luz, fue el día que vine aquí a inscribirte... Fue suficiente para que te acepten, pero jamás pensé que tendría tanta historia detrás...
            –  ¿Pero sabías algo de...?
            –  Lo juro por las barbas de Croonader... No conocía nada de todo ésto... La gente que te ha dejado bajo mi cuidado ha desaparecido sin explicarme mucho más. Sabía que uno de mis abuelos había sido mago, pero jamás lo asocié con la fundación de La Hoja de Arce... Y es posible que Bargan me haya dicho de haber estudiado aquí, pero no podría asegurarlo... Nunca supe nada de tu linaje, y tampoco me preocupé en investigar...  Lo siento, Larian... ¿Podrías perdonar a tu tonta tía...?
            La semielfa sintió un leve enojo con ella, ya que nunca le había contado de esa insignia. De todos modos, tampoco podía hacerla culpable de nada. La memoria de su tía era limitada, y Myrnah ya tenía demasiadas ocupaciones tratando de criarla. Con todo lo que estaba haciendo por ella, supuso que no podría pedirle mucho más. Larian le dirigió una sonrisa y el gesto de su tía se suavizó.
            –  ¿Y ahora...? ¿Cómo sigue ésto...?  –preguntó Larian, dirigiéndose a Ylandra–.  ¿Cree que debo estudiar en éste lugar o no...?
            –  Eso debes decidirlo tú, Larian  –contestó Ylandra–.  Pero los descendientes de los fundadores tienen todo el derecho de estudiar acá. Las puertas siempre estarán abiertas para tí.
            Larian contempló la insignia una vez más, sin atreverse a tocarla.
            –  Y si preguntas por mi opinión personal, te diré que sí: deberías estudiar acá...  –prosiguió la elfa.
            –  Yo pienso lo mismo  –agregó Myrnah, sonriendo tímidamente.
            –  Aún te siento turbada, Larian  –dijo Ylandra, y la semielfa asintió–.  Pero tu ánimo ha mejorado al enterarte de todas éstas cosas. Son parte de las respuestas que buscas... ¿Verdad...?
            –  Así es...
            Más que nunca, Larian sintió que los ojos de la elfa eran capaces de ver en su interior. Volvió a contemplar la insignia, mientras las emociones se arremolinaban en su interior. Acercarse a éste lugar ya le había dado algunas respuestas, y tomó eso como una buena señal. Larian se decidió...
            –  Voy a hacerlo  –dijo bruscamente, y su tía casi deja caer su taza–.  Voy a entrar en la academia, voy a estudiar, me voy a esforzar y les voy a demostrar a todos lo que significa el linaje de mis padres. Estoy cansada que hablen mal de ellos y de mí. Estoy segura que hablan por hablar, pues no deben saber un ápice de mi historia. Y si nos desprecian de esa manera sin motivo, juro que...
            Larian se obligó a cerrar la boca. Se sentía aguijoneada por una energía que desconocía en ella misma, y no quería decir algo inadecuado frente a Ylandra. De todos modos, la elfa parecía estar más preocupada por Myrnah que, otra vez, se había entregado al llanto. Su tía sacó otro pañuelo del morral y comenzó a secarse las lágrimas.
            –  ¿Estás bien, tía?  No era para tanto…
            –  No es eso, no es eso...  –Myrnah controló el llanto y lanzó una pequeña risa–.  Es que… Mientras hablabas me pareció ver en tu cara algunos gestos de mi primo. Recuerdo que las injusticias sacaban su lado más efusivo, y reaccionaba de la misma manera en que lo has hecho tú. De tal padre tal hija, una digna descendiente del linaje OjosProfundos...
            Myrnah se puso de pie y se acercó a su sobrina.
            –  Y pensar que guardé ésta insignia tantos años, y jamás supe qué hacer con ella. Gracias a los dioses, se me ocurrió inscribirte en La Hoja de Arce. Sólo quería darte un empujón para que pensaras en tu futuro, pero no imaginé que se abrirían tantas puertas...
            Larian, ante un gesto de su tía, se puso de pie. Myrnah tomó la capa de sus manos y se la colocó en la espalda. La semielfa notó que la capa era ligera, cómoda y muy suave al tacto.
            –  Sé que hice lo correcto...  –continuó Myrnah–.  Tu comentario sobre ingresar y demostrar lo que significa tu linaje es suficiente para mí. Serás una digna descendiente de tus padres...
            Su tía le sujetó la capa y abrochó la insignia en ella. Le dio un cariñoso beso en la frente y luego bajó la mirada para mirar los ojos a su sobrina. Ylandra sonreía, pero Myrnah volvía a llorar sin poder contenerse. Larian, incluso, sintió que unas lágrimas pugnaban por salir de sus propios ojos.
            –  Sólo tenías el apellido de tus padres, Larian... Ahora, ya conoces parte de su historia... Y estoy segura que descubrirás mucho más... Esa insignia le pertenecía a Bargan, así que llévala siempre con orgullo… Estén donde estén, tus padres siempre te guiarán...

© Osiris Marcos Amarilla 2016



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