La Magia y el Arco - La Hoja de Arce, Primer Ciclo - Capítulo 8


LOS HERMANOS MURAMAR

     Las campanas sonaron demasiado temprano para Larian. Acostumbrada a levantarse después de la hora 10.00, los campanazos de la hora 07.00 fueron una tortura para su cabeza. Su tía le había advertido que ya no podría dormir hasta tarde, como a ella tanto le gustaba. Resignada, lanzó un bufido y se levantó de su cama.

     Sólo tardó unos momentos en vestirse, asearse y preparar su bolso para las clases del día. Y todo eso sin contar el material de lectura que les había pedido Rogass, que ella ya había leído la noche anterior. Muy satisfecha de sí misma, salió de su cuarto y bajó las escaleras.
     En la base de la torre, Larian se encontró con Marianne. La dependiente de la Torre Gneiseneau parecía más fresca que una lechuga a pesar de la hora tan temprana.
     –Buenos días, Larian.
     –Buenos días, señ...
     –Puedes llamarme Marianne –interrumpió la dependiente–. No me gustan los títulos. Y tampoco los apodos del tipo “señora”. Me agregan muchísimos años...
     –De acuerdo... Marianne –soltó Larian, sin saber si reír o no.
     –Eso está mucho mejor... ¿Algún problema con tu habitación, Larian?
     –No, ningún problema...
     “Salvo que no la comparto con nadie...”
     –Si tienes algún inconveniente, me lo consultas enseguida. Si lo deseas, ya puedes ir al salón comedor. El desayuno siempre está disponible a partir de la hora 07.30.
     –Gracias, Marianne.
     Larian sujetó su morral con materiales escolares y tomó uno de los pasillos para salir de la torre. Se preguntó si las trillizas o alguno de sus hermanos estarían levantados, y decidió cerciorarse dando un vistazo al patio interior. Puso un pie en el mismo y dio su búsqueda por finalizada: en el patio descubrió a Deriven conversando con otro muchacho que ella desconocía, de abundante cabello cobrizo. A su lado, flanqueándolo, estaba...
     Bueno, no supo si era Kim o Tamy, pero estaba segura que no era Leyla...
     Y un poco más allá (su corazón pegó un brinco y fue a parar a la altura de su garganta) vió a Malmur junto a otros alumnos. Larian estuvo tentada de acercarse y saludarlo, pero no lo conocía tanto como a los otros Muramar. Sentía la confianza suficiente como para acercarse y saludar a Deriven, pero cada vez que veía a Malmur, sentía que su estómago se refugiaba en sus rodillas. Decidió que lo más saludable era evitar hacer el ridículo y enfiló hacia donde estaban Deriven y su hermana.
     –Y cuando me gradúe, mi hermano me prometió un puesto de aprendiz en la alcaldía –escuchó Larian al acercarse. El que estaba hablando era el muchacho de cabello cobrizo, y por su tono de voz daba la impresión que el mundo giraba en torno a él.
     –Obviamente, soy muy joven para aceptar responsabilidades muy grandes, pero voy a demostrar que soy muy capaz de hacer todo lo que me pidan.
     –Que bueno que presentes al mundo tus habilidades para preparar té... –replicó la trilliza que estaba presente, en un tono cínico que sorprendió a Larian–. Pero recuerda, Joshua: si le agregas leche, se llama “té con leche”, no “batido de lechéte”...
     Deriven se llevó la mano a la boca, pero Larian no fue lo suficientemente rápida y se le escapó una carcajada. El muchacho miró con altanería a la trilliza, dio media vuelta y se retiró ofendido, llevando su frente en alto de una manera muy llamativa. Deriven puso los brazos en jarra, aunque no podía deshacerse de su sonrisa.
     –No era necesario tratarlo así, Kim...
     –¡Soy Tamy!  Y tendría que haberlo tratado mucho peor.  Es insoportable...
     –Joshua no es insoportable, solo es... es... Bueno, es Joshua. No niego que es la persona más vanidosa que conozco, pero... ¡Larian! ¡Buenos días!
     –Hola, Deriven. Hola, Tamy  ¿Cómo están?
     –Es raro escucharte decir “buenos días” con todo lo que duermes, Dev –respondió la trilliza. El muchacho mantuvo sus brazos en jarras, pero su hermana miró a la semielfa–. Y a propósito, Larian, no soy Tamy. Soy Kim.
     –Pero te escuché decir que eras Tamy... –comentó la semielfa, más confundida que un troll en una fiesta de disfraces.
     –Lo sé, pero Deriven no sabe identificarnos. Nos gusta hacerle bromas con ello...
     El muchacho juntó sus manos y elevó sus ojos al cielo. Acto seguido, miró a Larian y sonrió.
     –Ignórala...
     –De acuerdo... –sonrió la semielfa, mientras la trilliza le sacaba la lengua–. Trataré de hacerlo hasta el desayuno ¿Ustedes han desayunado?
     –Aún no, estamos esperando a mis hermanas. –respondió el chico.
     –¿Aún no han bajado? ¿Dónde están?
     –Justo detrás tuyo... –sonó la voz de Leyla a sus espaldas. Larian se dio vuelta a tiempo para observar la sonrisa que le dirigía la más diminuta de las trillizas. La trilliza restante estaba a su lado, y ambas hermanas se acercaban a paso ligero.
     –¿Cómo estás, Larian?
     –Bien, Leyla. Gracias. Hola, Tamy...
     –Soy Kim...
     La cara de Larian se congeló en un gesto de total desconcierto, mientras Deriven levantaba los brazos. Con las palmas en alto, intentaba hacerse oír entre las risas desencajadas de Kim y Tamy.
     –¡Por la túnica de Sembren, chicas! ¿Podrían parar ese jueguito sobre las identidades? ¡Larian apenas nos conoce! ¡Va a pensar que salimos de algún asilo para locos...!
     –Eres un iluso, Deriven –le contestó Leyla–. Si los gritos de papá no las cambiaron, no creo que tú puedas hacerlo...
     –No pierdo las esperanzas –replicó Deriven, mirando hacia la puerta del edificio–. De todos modos ya podríamos ir al comedor. Necesito comer algo...
     –Nosotras tenemos una charla con el profesor Librotorcido antes de nuestra primera clase, pero podemos acompañarlos por unos momentos –agregó una de las trillizas. Larian no supo si fue Kim o Tamy, pero a ésta altura ya estaba más que resignada.
     Deriven se encaminó hacia la puerta y las cuatro chicas lo siguieron. Larian observó a Malmur con la esperanza de que él también los siguiera, pero el muchacho seguía hablando con sus compañeros.
     Las trillizas desayunaron rápidamente y se retiraron, prometiendo ver a Larian en la primera clase del día. Deriven les pidió que se portaran bien, pero Kim y Tamy respondieron sacándole la lengua.
     –Tus hermanas son muy graciosas –dijo Larian, cuando las trillizas se alejaron–. Y se ven muy unidas... ¿Siempre han sido así?
     –No siempre... –reconoció el muchacho, para sorpresa de Larian–. Años atrás, cuando Kim y Tamy comenzaron a mostrar habilidades mágicas, las cosas se pusieron muy mal para Leyla. Y también para todos nosotros.
     –¿Kim y Tamy? –preguntó Larian sin comprender–. Pero... Las tres hacen magia... ¿No...?
     –Sí, pero... Es difícil de explicar... –Deriven miraba el techo, pensativo–. Vamos a ver... ¿Qué rama de estudio vas a seguir, Larian?
     –La Rama General... –contestó ella, con un dejo de decepción.
     –¿Y cual va a ser tu especialidad?
     –Según los profesores, puedo llegar a ser muy buena arquera. Y también tengo capacidades para la pintura y la música...
     –Ajá... –Deriven se golpeaba la barbilla con un dedo y sopesaba una nueva pregunta–. ¿Y por qué crees que te han dicho eso?
     –Habrán notado que soy buena en esas cosas... La profesora Deleris dijo que mi postura...
     –Bla, bla, bla –la interrumpió el chico–. Esos detalles no importan por ahora. Lo que sí importa es que los profesores están preparados para ver lo que llevamos dentro. Y mas allá de las explicaciones técnicas, ten la seguridad de que vas a ser una buena arquera si es eso lo que te han dicho. ¿Por qué?  Porque llevas dentro esa habilidad. Sólo hay que afinarla.
     Larian se sintió halagada por el comentario, pero seguía sin entender la idea.
     –¿Y qué tiene que ver con...?
     –Tiene mucho que ver, por que tanto Kim como Tamy tienen dentro suyo habilidades arcanas innatas. Pero Leyla no.
     –Pero...  Cada vez entiendo menos...  Las tres pueden hacer magia...
     –Cuando Kim y Tamy comenzaron a lanzar magia, se armó un gran revuelo en casa. Ninguna tenía control sobre lo que hacía, y eso significaba que había que estar muy pendiente de ellas. Nuestros padres empezaron a darles más atención, y Leyla comenzó a sentirse apartada. Y a medida que crecía, se preguntaba por qué sus hermanas podían hacer magia y ella no. Mezcla todo ésto y dime cómo te sentirías tú, Larian.
     La chica empezó a entender. La sensación de aislamiento de Leyla debía de haber sido terrible, y también su frustración al no poder hacer lo que hacían sus hermanas.
     –Entiendo, pero todavía no tengo claro por qué Leyla puede hacer magia si antes no podía...
     –Ahí entra lo que te decía acerca de lo que todos llevamos dentro –contestó Deriven sonriendo–. La frustración de Leyla hizo que se dedicara al estudio de la magia. Nuestro padre es amigo de algunos arcanos de Nyos, y ellos se ofrecieron a hablar con Leyla e instruirla. Mi hermana aprendió a leer con los tratados sobre magia, aunque pasaron tres años hasta poder lanzar su primer conjuro.
     –¿Tres años? ¿Tanto tiempo?
     –Ajá. Por suerte Leyla es más tozuda que los enanos. Yo no habría durado ese tiempo –agregó sonriendo–. Por lo que pude hablar con nuestro padre, lograr magia a través del estudio es algo muy duro, y exige mucho esfuerzo y dedicación. Pero Leyla quería hacer magia como sea... Tras conseguirlo, pudo sentirse más cerca de Kim y Tamy.
     –¿Y ellas no fueron instruídas por nadie?
     –No. Cuando llevas magia en la sangre no necesitas instrucción, aunque les habría venido bien para no romper tantas cosas en casa. ¿No recuerdas nada de eso...? Aún nos visitabas cuando Kim y Tamy comenzaron a manifestar su poder...
     –No... Lo lamento...
     –Entonces, tampoco recuerdas los enojos de mamá... Es mejor así... –el chico dejó escapar una sonrisa, perdido en sus pensamientos–. Leyla nunca la hizo enojar, porque su magia era menor y tenía más control sobre ella. Pero haber aprendido magia hizo que mis hermanas volvieran a unirse...
     –No era necesario que cuentes todos nuestros secretos, hermanito... –Larian y Deriven giraron sus cabezas en dirección a la voz y descubrieron a Malmur parado detrás de ellos. Parecía somnoliento pero sus ojos brillaban con fuerza–. Hola, Larian.
     La semielfa se puso de pie para saludarlo, pero al hacerlo volcó su jarro de té con leche. Abochornada, intentó limpiar el desastre, pero casi vuelca el jarro de Deriven. Gloria, con una “sonrisa” significativa, la instó a sentarse mientras ella limpiaba.
     –¿Me traes el desayuno a mí también, Gloria? –le preguntó Malmur.
     –Por supuesto, corazón –respondió Gloria guiñándole un ojo. Larian, sin poder controlarse, la fulminó con la mirada, Pero descubrió que Malmur le dirigía una mirada extrañada ¿Se habría dado cuenta de su reacción...? De golpe, sintió que se moría de la vergüenza...
     –Así que Deriven te ha contado cosas de la familia –inquirió Malmur, atacando el plato de bizcochos. Larian quiso saber si Malmur había notado su bochorno: si lo había hecho, no dio señales de ello–. Ojalá no haya estado contando algunos de mis secretos.
     –No –contestó Deriven, divertido–. Sólo le conté lo locos que estamos, especialmente tú...
     –Si ayudar y servir significa estar loco, entonces estoy orgulloso de estar loco –concluyó Malmur, y la semielfa sintió que se derretía–. Por cierto, Larian  ¿Cómo ha ido tu primer día?
     –¿Eh...? ¡Ah...! Bien, bien, gracias. Un día con muchas emociones.
     –¿Y cómo ha ido la charla con mis hermanitos?
     –Me han contado la forma en que Damaran me rescató... Y todo eso... –articuló–. Aunque me han quedado más dudas que antes...
     –No te preocupes –Malmur hizo un gesto despreocupado con la mano. Sostenía un bizcocho en ella, y las migas del mismo se esparcieron sobre la mesa–. En algún momento encontraremos a Sarah Delinell y ella nos ayudará.
     –¿Quién...?
     –¡Au, maldición! –exclamó Deriven, dándose un golpecito en la frente–. Sabía que olvidaba algo...
     –¿¡No le has contado de Sarah Delinell!? –inquirió Malmur, abriendo sus ojos como platos–. ¿¡NI UNA SOLA PALABRA!!!???
     –Ehhh... Nop... –Deriven parecía muy avergonzado. De hecho, parecía otra persona pues su semblante se había vuelto pálido. Tanto que no parecía baidrano–. En realidad la mencioné, pero no ahondamos en el tema... Lo olvidé, Larian, lo lamento.
     La semielfa recordaba el nombre de Sarah, pero no habían profundizado en ella. Además, no podría enojarse con Deriven, que parecía suficientemente acongojado...
     –Sarah fue la persona que...
     –No, no, no, hermanito –lo interrumpió Malmur levantando su mano. Las migas de su bizcocho fueron a parar a la mesa vecina, para asombro de sus ocupantes–. Esto requiere de una persona que no sufra olvidos innecesarios –Deriven torció su boca en un gesto de disgusto. Malmur lo ignoró y observó a la semielfa–. Sarah Delinell fue la persona que te ha criado tras la muerte de tus padres, Larian. Papá te entregó a ella luego de rescatarte, porque así se lo pidió Bargan. No conocemos nada sobre Sarah. Pero en algún momento, alguien encontró a tu tía para que ella sea tu nueva tutora.
     “Así que Sarah es parte del misterio”, pensó Larian.
     Y al parecer, también era parte de la respuesta. Pero no recordaba nada sobre una tal Sarah Delinell... Su tía nunca la mencionó... Aun así, podía preguntarle cuando la viese de nuevo...
     –Papá nos dijo que la veíamos mucho porque Sarah también vivió en Nyos –prosiguió Deriven–. Además, nos visitábamos con frecuencia. Pero poco después tú partiste con rumbo desconocido y Sarah también lo hizo. Y nunca más fue vista en la ciudad de Nyos. Si tenemos la suerte de encontrarla, podría ayudarnos a resolver éste acertijo.
     –¿“Tenemos”? ¿“Ayudarnos”? –preguntó Larian, intentando dar crédito a sus oídos–. ¿Por qué hablan en plural, chicos? ¿Están seguros que desean involucrarse en ésto? Averiguar qué le ocurrió a mis padres podría llevarme toda una vida...
     –Estamos más que seguros –dijo Malmur, tras vaciar de un tirón su jarro con jugo–. Si no fuera por nosotros no sabrías absolutamente nada. Por lo tanto, es nuestro derecho saber cómo termina todo ésto... –a Larian le encantó escuchar esas palabras en boca de Malmur–. No tengas dudas que vamos a ayudarte en todo lo que podamos, así que no intentes dejarnos afuera.
     Larian se sintió inmensamente agradecida, pero estaba tan ensimismada en la charla que el campanazo de la hora 09.00 pareció mas estruendoso que de costumbre.
     –Momento de volver a clase. –dijo Deriven, poniendose de pie.
     Larian se despidió de los hermanos con la promesa de verse mas tarde. Se dirigió hacia el aula de su primera clase, pensando en lo que habían hablado. Encontrar a podría echar algo de luz acerca de la muerte de sus padres, y eso la llenó de entusiasmo para el resto del día.


     Educación Primaria transcurrió sin contratiempos. Callendy, incluso, se acercó a Larian para saludarla, aunque luego volvió a aislarse en su pupitre al fondo del salón. Aún así, la semielfa lo tomó como un buen gesto. Parecía que el enojo de la chica se estaba disipando, y esperaba que la morock le volviese a hablar como antes. Por lo demás, Larian supo que Educación Primaria sería una materia muy teórica y que tendría que hacer un esfuerzo para no distraerse.
     La materia Artes, por otro lado, la sorprendió gratamente. Larian amaba pintar desde pequeña, y su tía había trabajado mucho para que ella desarrollara esa aficción. También era la responsable de que se interesara por la música.
     Ylandra, también profesora de la materia Artes, dejó en claro que armaría diferentes grupos de acuerdo a las orientaciones artísticas de cada uno. Larian se vio en dificultades al elegir grupo, ya que no sabía por qué especialidad decantarse. Ylandra la observó trabajando, primero con pinturas, y luego con su mandolina y le recomendó elegir ambos grupos, no sin antes preguntarle si sería capaz de mantener el ritmo. Larian aceptó y reconoció que compartía esa decisión, aunque le pareció ver un dejo de duda en los ojos de su profesora...
     Fuerzas Naturales también fue una sorpresa, aunque no tan grata. Su profesor, un fariano de edad avanzada y aspecto de gato viejo, dejó en claro que los estaría exigiendo durante todo el año. Larian apenas se había sentado cuando el profesor empezó a hablar. Ni siquiera hizo tiempo de saludar a Callendy, a la que había avistado sentada en el fondo del aula...
     –Mi nombre es Milo MalaHuella, y seré su profesor en Fuerzas Naturales –comenzó el anciano. Larian hizo un esfuerzo para no reírse–. Muchos de ustedes se preguntarán a qué hace referencia ésta materia, y es mi trabajo decirles que jamás encontrarán una respuesta. Y si creen encontrar alguna, háganse a la idea de que estarán equivocados.
     El profesor hizo énfasis en ésta última palabra, y más de un alumno puso cara de desagrado.
     –Las fuerzas de la naturaleza son impredecibles e incontrolables. Algunos insensatos creen poder controlarla, del mismo modo que una hormiga cree controlarnos con sus mordiscos. Hay pequeños factores sobre los que puede ejercerse algún control, es cierto. Pero no existe mucho más que eso. De todos modos, esos son conocimientos avanzados, que iremos viendo en los años siguientes...


     –No niego que sea un conocimiento interesante. Pero, definitivamente, no es lo mío...
     Siendo la hora 13.30, y después de tres clases seguidas, Larian se sentía desfallecer por el hambre. Por lo menos, ya no tenía clases por el resto del día. Ella y las trillizas Muramar estaban almorzando con Deriven, mientras le explicaban que Fuerzas Naturales no era el tipo de conocimiento que estaban buscando.
     –Tal vez no sea para tí, pero mucha gente necesita ese conocimiento. No todos viven en las ciudades –alegó Deriven–. Muchos viven y trabajan en zonas salvajes.
     –Tus padres lo hacían, Larian –comentó Kim... (¿o era Tamy...?)
     –Nuestro padre trabaja en zonas así... –agregó Leyla.
     –De acuerdo, es un conocimiento interesante... Y tal vez necesario... –reconoció la semielfa–. Pero no tiene por qué gustarme...
     –No creo que sea muy necesario si no tienes una vida aventurera... –preguntó Deriven–. ¿Haz pensado qué hacer después de egresar de la academia?
     La pregunta del muchacho pescó a la semielfa con la guardia baja.
     Había tomado la decisión de seguir los pasos de sus padres, pero... ¿Ello implicaba tener una vida aventurera? Tal vez sí, pero le parecía prematuro tomar alguna decisión ahora. Supuso que lo haría en los años siguientes, con sus estudios terminados.
     –Aún no lo tengo muy claro, Deriven ¿Sabes lo que harás tú? –respondió rápidamente, tratando de desviar el foco de atención–. ¿O ustedes, chicas?
     –Ni idea –respondieron las trillizas al mismo tiempo.
     –En mi caso, me gustaría prestar servicio en un templo –dijo el chico, apresurándose en tragar un bocado–. Puede ser un poco monótono, pero me ayudaría a profundizar mis conocimientos.
     –¿Un templo? ¿Qué se supone que puedes hacer en un templo...?
     –Yo estoy estudiando la Rama Clerical, Larian –contestó Deriven–. Quiero ser un sacerdote de mucho poder y mucho conocimiento, para poder ayudar a la gente.
     –No lo sabía –replicó ella–. ¿Cómo es que te has decidido por seguir la Rama Clerical?
     –Supongo que las historias de nuestro padre son las culpables. Muchas de sus aventuras no terminaban bien y nos afectaba cuando alguien resultaba lastimado.
     –Papá tiene conocimientos de curación –agregó Leyla–. Pero a veces no son suficientes.
     –No es lo mismo, Leyla. Una cosa es tener conocimientos de curación, y otra cosa es la capacidad de canalizar el poder de las deidades –continuó Deriven, con gesto grave–. Y, en el fondo, también tengo la esperanza de poder curar a mamá...
     Se produjo un silencio incómodo en la mesa. Los Muramar seguían comiendo pero tenían un gesto grave en sus caras. Obviamente, el tema de la enfermedad de su madre los seguía preocupando. Larian probó a cambiar de tema para rescatar la conversación.
     –¿Y qué rama de estudio está haciendo Malmur...?
     –¡Todos la escucharon! Me debes una pieza de cobre, Kim...
     Larian supuso que fue Tamy quién habló. Todos levantaron la vista hacia la trilliza, con gesto confundido. Evidentemente, nadie entendía nada de lo ocurrido...
     –¿De qué están hablando...? –inquirió Deriven, con gesto desconfiado.
     –Vamos, Dev... Tú sabes que todas las chicas preguntan por Malmur, tarde o temprano. Aposté que Larian lo haría ésta pentana, Kim apostó que lo preguntaría la pentana próxima. Obviamente, gané.
     Tanto Leyla como Deriven pusieron cara de disgusto, pero no tanto como Kim, que hurgaba de mala gana en sus bolsillos. Sacó una pieza de cobre y se la arrojó a Tamy.
     –Gracias, hermanita. Me haré rica con tus ahorros...
     Kim le sacó la lengua y siguió comiendo, mientras refunfuñaba por lo bajo. Por lo menos, el tenso silencio había desaparecido, pero algo no había quedado claro para Larian...
     –Disculpen, pero... ¿A qué se refieren con eso de que todas preguntan por Malmur...?
     –No disimules, Larian –prosiguió Tamy, divertida–. Malmur llama mucho la atención. Es muy dedicado a sus estudios y sus compañeros lo respetan mucho, aunque es algo atolondrado... Pero también es bien parecido y a todas las chicas les gusta. Y a tí te también te parece lindo ¿Verdad?
     Larian se sintió morir de la vergüenza. Nunca antes, ni siquiera cuando recibió la capa durante la ceremonia, se había sentido de esa manera. Si hubiese tenido la oportunidad de distraer a los Muramar, habría salido corriendo como si la persiguiese el más furioso de los dragones.
     –¡No seas tan desubicada, Tamy...! –reaccionó Deriven–. Ignórala, Larian. No podemos culparte por el aspecto de Malmur... Son muchas las chicas de la academia que están atraídas por él. Algunas me hablan con la esperanza de presentárselo, pero son insoportables. Prefiero tomar el té con un ogro.
     Larian sonrió y parte de su vergüenza desapareció, pero aún sentía arder sus mejillas...
     –Es cierto que Malmur es admirado por muchos estudiantes –continuó Deriven–. Pero también es envidiado por muchos otros. El año pasado, un estudiante llamado Reth fue expulsado por desafiar a Malmur. Nuestro hermano rechazó el desafío y Reth lo atacó.
     –¿Lo atacó...?
     –Sí, pero Malmur esquivó todos los golpes. Y cuando vió que Reth no iba a cambiar de opinión, se propuso detenerlo sin lastimarlo. En ningún momento lo golpeó, y cuando aparecieron los profesores, Reth estaba inmovilizado en el piso con Malmur sentado encima...
     La mesa entera estalló en risas. Larian no podía evitar sentir admiración por Malmur. Más aún: por su reacción en dicha pelea, Larian dedujo que estaba siguiendo un código de honor muy estricto...     –No sabía que Malmur quería ser Caballero... –concluyó. Pertenecer a una Orden de Caballería era una de las profesiones más respetadas de Ermegoth, pero exigía mucho sacrificios...
     –¡Vaya! –exclamó Leyla sonriendo.
     –¡Buena deducción, Larian! –agregó Deriven–. Es cierto, Malmur quiere ser Caballero y se está esforzando mucho. Es uno de los mejores aprendices de escudero que tiene la academia. Cuando está entre nosotros se muestra muy relajado. Pero acá, en la academia, intenta manejarse con respeto, honor y disciplina. La Exhibición de Habilidades de éste año va a ser muy importante para él.
     –¿La Exhibición de Habilidades...?
     –También se le dice Muestra de Habilidades. Es un evento que se realiza para que los alumnos muestren lo que están aprendiendo en la academia –aclaró Kim, que había dejado de refunfuñar–. Se realiza todos los años y viene gente muy importante...
     –Hay políticos, militares, clérigos y hasta representantes de otros reinos –continuó Deriven–. Muchas veces toman aprendices que están en el último año de estudios. Malmur ya está en el tercer ciclo, éste será su último año en la academia y sabe que lo van a observar y evaluar. Tal vez esté entrenando más de lo necesario, pero sueña con que algún Caballero lo tome como discípulo. Si eso llega a ocurrir, todo su esfuerzo habrá valido la pena.
     “Su último año en la academia...” se repitió Larian. Si ella seguía estudiando en la Hoja de Arce, ya no vería a Malmur el año siguiente. Sintió un dejo de tristeza, pero sacudió la cabeza enseguida para deshacerse de esa idea. Más que nunca fue consciente de la atracción que Malmur generaba en ella, pero llegar a ese nivel de distracción ya era ridículo...
     –¿Y tú, Deriven? –prosiguió Larian, para no perder el hilo de la conversación–. ¿También te estás preparando?
     –¿¡Yo!? ¿¡Para qué!? Acabo de empezar segundo año, no creo que alguien venga a verme a mí. El año próximo afinaré mis habilidades. Por el momento no pienso perder el sueño...
     –¿Sólo observan a los alumnos de último año?
     –Si –reconoció Leyla–. Sólo a los de último año.
     –Por suerte no estamos en ese grupo... –replicó Larian, llevándose un bocado a la boca.
     –Olvídalo, Larian –cortó Deriven–. Todos los alumnos participamos de la exhibición, incluyendo a los de primer año... Por las dudas, te aconsejo que tú también te prepares.
     Larian se atragantó con su bocado y empezó a toser aparatosamente. Leyla empezó a darle golpecitos en la espalda.
     –¿¡Prepararme!? ¡Cof, cof!  ¡Apenas sé cómo se sostiene un arco!
     –Ah, no te preocupes –prosiguió Deriven, llenando el vaso de Larian con jugo–. Los de primer y segundo año sólo le damos un poco de color a la exhibición. A menos que alguno se destaque...
     –Aj... Lo único que nos faltaba: hacer el ridículo frente a toda la academia... –agregó una desesperanzada Tamy.
     –Habla por tí misma, hermanita –respondió Kim, buscando desquitarse con su hermana–. Ya vimos a Malmur en dos exhibiciones y a Deriven en la del año pasado. Y les ha ido muy bien. Ahora nos toca a nosotras. No irás a decir que tienes miedo ¿Verdad...?
     –¿Miedo de qué? A tu lado, siempre me veré mucho mejor...
     –Sigan peleando y se verán como dos idiotas... –sentenció Leyla, más seria que de costumbre–. De todos modos, no hay que ponerse nerviosas, Larian. Todos los alumnos hacen su mejor esfuerzo, aunque sólo evaluarán a los de tercer año.
     –Mejor explicado, imposible –concluyó Deriven, que levantó su mano y la chocó con la pequeña mano de Leyla–. No vamos a volvernos locos por la Muestra. Al menos, no por ahora.
     Larian llegó a la misma conclusión. Bajó los ojos hacia su plato y se sorprendió de verlo casi vacío. ¿Tanto había comido? La conversación con los Muramar le hizo perder el paso del tiempo. Deriven ya tenía su plato vacío y se pasaba la mano por el abdomen.
     –Ufff... Comí demasiado, y más tarde tengo una clase de combate –comentó–. Será mejor que me retire. Voy a aprovechar para caminar un poco antes de la clase, así logro bajar la comida –sonrió y se puso de pie–. ¿Tienen alguna materia pendiente?
     –¿Hoy? No, ya no tengo materias –respondió Larian
     –Nosotras tenemos la materia Saberes a la hora 15.00 –agregó Leyla.
     –¿Saberes? Con la profesora Laura Marazul ¿Verdad?
     –Sí.
     –¿Es la profesora que tropezó con su taza durante la presentación? –quiso saber Larian.
     –Esa misma –respondió Leyla y se dirigió a su hermano–. ¿Por qué preguntas, Dev?
     –No tengo la suerte de tenerla como profesora, pero suelo hablar con ella. Traten de sacarle el mayor provecho posible, chicas. Laura es una fuente de conocimiento viviente y sabe muchas cosas. Lástima que sea un desastre en la vida cotidiana...
     Las risas volvieron a estallar en la mesa, pero Deriven dejó de reír abruptamente.
     –Chicas...
     –¿Que ocurre?
     –Pregunten a Laura sobre los padres de Larian... –Deriven se dirigió a la semielfa–. Puedes preguntarle tú misma, Larian, aunque no sea tu profesora. Laura es una persona muy abierta. Estará encantada de hablar contigo y podrás aprender mucho de ella...

© Osiris Marcos Amarilla 2016


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